Los mil y un recuerdos de Sevilla.

Sevilla siempre será un lugar especial para nosotros, fue allí donde empezamos nuestras travesías y odisebas juntos hace más de dos años. Sevilla es el sol de invierno que alegra el alma; es las caminatas al lado de las murallas o entre calles estrechas intentando no perderse ni ser atropellado por carros y motos. Sevilla es los atardeceres en el Guadalquivir tomando vino y riendo de la vida; es encontrarse con procesiones en cada calle en plena Semana Santa, es tomar un coctel llamado “Sangre de Cristo” en un bar lleno de figuras religiosas. Sevilla es beber “tinto de verano” en invierno, primavera, verano u otoño; es comer tapas y tomarse una cervecita, un vinito o incluso una jarra de “agua de Sevilla”; es arquitectura mudéjar y encontrarse una iglesia cada tres cuadras.

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Del viaje que empezó desastrosamente

Era la primera vez que tomaba un tren nocturno, saldría de Mulhouse a las 9:26 pm y despertaría en Niza al día siguiente. La maleta la tenía lista tres días antes del viaje, con un pequeño cambio el último día luego de verificar las condiciones meteorológicas. Empacada la maleta, venía ahora  el “bolsito”, una especie de  mochila donde siempre cargo las cosas que puedo necesitar a lo largo del viaje: billetera, un libro, las gafas (de sol y de lectura), la cámara, chicles, etc. Todo parecía estar preparado y yo más que listo, sin embargo en unas horas estaría a punto de arruinar el viaje.

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