Los mil y un recuerdos de Sevilla.

Sevilla siempre será un lugar especial para nosotros, fue allí donde empezamos nuestras travesías y odisebas juntos hace más de dos años. Sevilla es el sol de invierno que alegra el alma; es las caminatas al lado de las murallas o entre calles estrechas intentando no perderse ni ser atropellado por carros y motos. Sevilla es los atardeceres en el Guadalquivir tomando vino y riendo de la vida; es encontrarse con procesiones en cada calle en plena Semana Santa, es tomar un coctel llamado “Sangre de Cristo” en un bar lleno de figuras religiosas. Sevilla es beber “tinto de verano” en invierno, primavera, verano u otoño; es comer tapas y tomarse una cervecita, un vinito o incluso una jarra de “agua de Sevilla”; es arquitectura mudéjar y encontrarse una iglesia cada tres cuadras.

Pero Sevilla también es vivir por primera vez en pareja, cocinar para dos, coger una plancha por primera vez en Europa, retomar la lectura, dar regalos e invitar a cenar, ir a hacer la compra juntos, es encontrarnos en el puente de la Cartuja e ir a un espectáculo de flamenco para descubrir el monasterio en la noche, es desayunar arepas y disfrutar una frijolada un sábado.

Fue en Sevilla que Sebas sustentó su tésis de maestría y presentó la defensa del doctorado, allí conocí a sus amigos que se convirtieron en cómplices de nuestra relación. Y así puedo continuar listando las cosas que vivimos y compartimos, fue una época maravillosa.

En Sevilla dije “Te amo” por primera vez.

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