Del viaje que empezó desastrosamente

Era la primera vez que tomaba un tren nocturno, saldría de Mulhouse a las 9:26 pm y despertaría en Niza al día siguiente. La maleta la tenía lista tres días antes del viaje, con un pequeño cambio el último día luego de verificar las condiciones meteorológicas. Empacada la maleta, venía ahora  el “bolsito”, una especie de  mochila donde siempre cargo las cosas que puedo necesitar a lo largo del viaje: billetera, un libro, las gafas (de sol y de lectura), la cámara, chicles, etc. Todo parecía estar preparado y yo más que listo, sin embargo en unas horas estaría a punto de arruinar el viaje.

En la estación de tren de Niza

Llegó el día  (o mejor, la noche) , tomé una ducha, cené y me fui para la estación, con morral y mochila al hombro. La ansiedad y emoción siempre están presentes, pero cuando se agrega un elemento nuevo aumenta el nivel de éstas; ya estando en la vía 6 solo quería que llegara el tren, entrar a mi compartimento y vivir la experiencia del tren nocturno. Cuando apareció el tren saqué la hoja donde tenía impresos los detalles de mi reserva y fui a buscar el vagón que me correspondía. Era una cabina donde estaban 6 literas, acomodadas en dos grupos de tres pisos, uno frente al otro. Yo había reservado la litera inferior, pensando en que sería incómodo estar pasando “por encima” de la gente cada vez que quisiera salir a estirar las piernas, ir al baño o simplemente tomar un poco de aire. Compartía cabina con una mujer alemana, un muchacho y una chica franceses y una chica con rasgos de algún país de la Europa Oriental, parecían simpáticos todos. Según Google Maps, en carro uno se demoraba entre 7 y 8 horas para llegar a Niza, sin embargo el tren nocturno tardaba casi 12 horas en completar el recorrido; yo pensaba que en algún punto de la noche el tren se detendría en alguna estación e iniciaría de nuevo la marcha en la madrugada. Me instalo en mi litera, bebo un poco de agua y pienso: “Voy a ponerme a leer para poder dormir pronto y no sentir el viaje”. De repente empieza cierta angustia al notar que no encuentro el bolsito, así que empiezo a revolcar la cabina buscándolo y al cabo de 15 segundos resulta evidente que no estaba allí.

Imaginé mi cara en tonos pálidos, mis acompañantes de cabina me preguntan cómo era y hacen el intento de ayudarme a buscar, pero su esfuerzo era inútil. Llamé a un amigo pero por ser noche de fútbol no sintió su celular, así que intenté comunicarme con mi compañera de piso, afortunadamente ya había acabado sus clases de salsa y respondió de inmediato. Le dí toda la información del tren, vía y hora de salida para que fuera a la estación a mirar si allí se encontraba el dichoso bolsito. Mientras tanto, angustiado en el tren, pensaba en posibles soluciones y luego de hablar con el controlador del tren, la mejor opción era bajar en la siguiente parada del tren (Belfort) y de allí regresar a Mulhouse. Lo importante no era el bolsito como tal, sino la billetera. ¡Estaba sin papeles ni dinero!  Viajar indocumentado y sin dinero no era una opción, llamé a Dibromuro y le conté lo que me había ocurrido. La llamada solo sirvió para estresarme más, porque no encontramos alguna solución viable al problema, y al poco tiempo de colgar anuncian que nos estamos acercando a la parada de Belfort. Decido coger mi morral y en el momento en que estoy poniendo el segundo pie en el andén de la estación me llama mi compañera de piso, avisando que encontró el bolsito. Le pido rápidamente inventario y por fortuna estaba todo, abre la billetera y me dice: “¿Ibas a viajar solo con 20 euros?” En ese momento recuerdo que por fortuna había metido el pasaporte y algo más de dinero en mi morral, siguiendo el consejo para el viajero de no dejar todo el dinero en el mismo sitio. Ya tenía un documento y algo de dinero, podría sobrevivir al menos hasta que nos viéramos con Dibromuro el día siguiente. Me subí al tren, agradeciendo a mi roomie por salvarme el viaje, y volví a mi litera. Avisé a mi compañero de viajes que el plan seguía en marcha y que lo recogería en el aeropuerto en Niza al día siguiente. El viaje empezó desastrosamente, por fortuna fue lo único que salió mal esta vez.

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