Lyon: La Previa

“Yo solo madrugo cuando voy a viajar”, digo con frecuencia. Pero la emoción del viaje se duplica, o triplica; o quizás se multiplica por diez cuando nos vamos a ver. La ansiedad de poder besar y abrazar nuevamente, o el poder escuchar en vivo la voz que siempre es ajena los dos o tres primeros minutos. 

Por esta época del año anochece pronto y el sol madruga menos que yo. La estación de tren fría, oscura; son las 05h40, somos pocos los viajeros, y más escasos los que vamos hacia la vía 2. Me instalo en cualquiera de las sillas que se encuentran vacías, así mi billete indique el número de vagón y puesto donde debo sentarme. Si bien es cierto que poco a poco empiezan a aparecer rostros mientras que el ferrocarril avanza, y que posiblemente alguno de los nuevos pasajeros tenga asignada la silla donde estoy, a esta hora no habrá problemas, pues el tren no se llenará antes de bajarme.
Gare de Besançon Franche-Comté TGV” anuncia una voz masculina, aunque algo afeminada. Cojo mi morral y ahora espero la conexión (lo peor de estas esperas en invierno es que pueden parecer eternas cuando no hay calefacción). Afortunadamente, la espera termina; subo al otro tren y a dormir el resto del viaje, cosa que disfruto mucho hacer.

Llegamos a Lyon Part Dieu y “Oh mon Dieu!” me estoy muriendo del hambre. Un café y croissant se irán consumiendo mientras veo militares, viajeros apresurados y trabajadores de la SNCF moviéndose en la caótica estación. Barriga llena y ahora viene la parte del corazón contento, en menos de una hora será el reencuentro.

Anuncios
Estándar