Lyon: La Aventura

Espero sentado en el andén del tranvía con el libro que me habían regalado hace unos días; no estaba leyendo realmente, solo ojeaba las páginas para engañar al reloj y hacer que el tiempo volara. Se abren las puertas y ahí estaba él, perdido entre estirados franceses y ruidosos turistas. Luego de la respectiva bienvenida, llega el momento de ver cómo nos va a sorprender esta ciudad. Por lo general planeamos nuestros viajes; miramos sitios que nos interese visitar, restaurantes para descubrir la gastronomía local y con eso tenemos un boceto de lo que haremos. Este viaje fue la excepción, no sabemos por qué, pero simplemente surgió la posibilidad de ir a la Fête des Lumiêres y acá estamos.

Buscamos el hotel, y aún con mapa en mano nos toma algo de tiempo. Finalmente llegamos, dejamos el equipaje en la habitación y salimos para almorzar. Carnes a la parrila en Courtepaille, un restaurante bastante conveniente por su cercanía a nuestro hotel. Satisfechos, estamos listos para  iniciar la aventura. A mí me gusta mucho caminar y creo que así puedo llevarme una idea más clara de lo que es una ciudad. Esta vez debemos recorrerla a pie no porque quisiéramos; el evento que nos llevó allí parece ser tan famoso que logra colapsar todo Lyon, incluso el sistema de transporte falla. Andamos un buen rato para poder llegar al sitio donde encontraríamos a unos amigos después. A esa hora el sol ya estaba desapareciendo nuevamente, y la mejor forma de entrar en calor era el vino caliente. Uno, dos, tres y no más porque al compañero de aventuras se le sube el trago a la cabeza.

Hay espectáculos de luces por toda la ciudad. Proyecciones de imágenes llenas de color sobre las fachadas de históricos edificios, acompañadas de efectos de sonido que me hacen viajar a un mundo de fantasía. Luego de 20 minutos y los aplausos del público, la gente se desplaza a otro punto de la ciudad para seguir contemplando las luces. Y así continuamos el plan toda la noche; viajando por un universo de colores, música y pólvora que logra encantar. Lo que no encanta mucho es la cantidad impresionante de personas que estamos allí, lo que complica demasiado los desplazamientos y añade a la experiencia algo de estrés. Varias luces después optamos por regresar al hotel pues estamos completamente agotados. Una vez en la habitación del hotel voy a tomar una ducha y ¡sorpresa!, la ducha también tiene luces. Ahora sabemos por qué se llama así el festival, lástima que Jean ya no alumbre.

Anuncios
Estándar