Del viaje que empezó desastrosamente

Era la primera vez que tomaba un tren nocturno, saldría de Mulhouse a las 9:26 pm y despertaría en Niza al día siguiente. La maleta la tenía lista tres días antes del viaje, con un pequeño cambio el último día luego de verificar las condiciones meteorológicas. Empacada la maleta, venía ahora  el “bolsito”, una especie de  mochila donde siempre cargo las cosas que puedo necesitar a lo largo del viaje: billetera, un libro, las gafas (de sol y de lectura), la cámara, chicles, etc. Todo parecía estar preparado y yo más que listo, sin embargo en unas horas estaría a punto de arruinar el viaje.

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Sobre el arte de pedir café

Un café. La frasecilla simple y casi transparente a otros idiomas que puede llegar a complicarse en sus formas más conocidas de espresso, americano, café con leche o la infinita variación de proporciones café-leche, sin tener en cuenta tantos otros posibles aditivos, el volumen y consistencia de la espuma, las temperaturas individuales de sus componentes o la tonalidad final del brebaje en cuestión. Es decir, una frasecilla que podría llegarse a complicar si fuésemos puristas en exceso. Sin embargo, dado que a viajeros No. 1 y No. 2 les basta con una simple combinación de cappuccino y espresso, respectivamente, y que viajero No. 2 desprecia toda forma endulzada de su bebida mientras que viajero No. 1 elegirá siempre azúcar blanco, refinado, malsano, hay poca necesidad de enredar el asunto, o es eso lo que podría esperarse.

El caso es que la complicación tiene que llegar de alguna forma y entonces viajero No. 1 siente cómo lo domina alguna especie de sopor o desconexión sináptica y en lugar de pedir su cappuccino de forma escueta, termina sumido en el letargo y acaba diciendo cualquier cosa de la que viajero No. 2 reirá después.

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Generalmente viajan para aprender y escribir, para deslumbrar a los que se quedaron en casa. Por eso van con los guías, apuntando anécdotas y fechas, y no ven nada en realidad, no sienten. El único sistema para viajar es la lentitud y la facultad de demorarse en donde nos coja el amor. Pero, ¿la fotografía? Nada se ve por enfocar: “Hágase más para acá, a la derecha; levante la cabeza…”. Con un fotógrafo no se puede viajar.

Fernando González en El hermafrodita dormido.

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